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Historia

1930-2010, de Service Station a Servei Estació

Situado en el centro de Barcelona, en Girona, L’Hospitalet de Llobregat y Sant Adrià de Besòs, consolidado como un establecimiento multiproducto y multiservicio, la historia de Servei Estació está salpicada de buenos y malos momentos, de anécdotas, de éxitos, de crisis y, sobre todo, de páginas de superación y de creencia en una idea que hoy, 80 años después, forma parte del paisaje cultural y social de Barcelona, Catalunya y España.

2010 ha sido de un año muy especial para Servei Estació. Es el año en que el establecimiento situado en la calle Aragó de Barcelona, en pleno Eixample, completó el proceso de transformación de su espacio comercial.

Un proceso que se ha prolongado durante siete años y que ha reinventado todo el establecimiento con la renovación de todas las plantas, la apertura de tres niveles comerciales más, la instalación de nuevas escaleras mecánicas y de dos ascensores que cubren las ocho plantas. Todo, sin que se haya interrumpido la actividad ni un solo día y con la inestimable paciencia y colaboración de nuestros clientes.

Esta transformación ha venido acompañada, además, de una búsqueda de nuevos productos y servicios para añadir, complementar y mejorar las más de 55.000 referencias de Servei Estació, gracias a los acuerdos comerciales que SE ha tejido con empresas y proveedores de otros países, como Francia, Inglaterra o Alemania, entre otros.

El resultado de ello es una oferta mucho más amplia y diversificada y la inauguración de nuevos espacios, como el destinado a los materiales de construcción o a los animales de compañía (‘Per animals’), que responden a las necesidades de una sociedad moderna y en cambio permanente.

Pero el Servei Estació de hoy no se puede entender sin echar la vista atrás y retroceder hasta encontrarnos con el espíritu visionario, innovador e intrépido del hombre que cimentó el establecimiento de 1930.

Los orígenes

Entre la Casa Batlló de Antoni Gaudí y la actual Fundació Antoni Tàpies, hace más de 80 años nació Service Station, S.A.

Fue un nacimiento que se gestó durante seis años. En 1924, José Manzanares Baró, un hombre de negocios de Barcelona, inauguró una gasolinera de estilo americano: Lubrificantes Manzanares, dedicada a ofrecer todo tipo de servicios para los automóviles.

Pese a la dictadura de Primo de Rivera, se vivían años de cierta paz social, mientras Europa aún se recuperaba de la sangrienta Primera Guerra Mundial. Sin embargo, tras la Exposición de 1929, inaugurada el 19 de mayo por Alfonso XIII y Victoria Eugenia, el paisaje empezó a cambiar, con la dictadura y la propia monarquía tambaleándose y un panorama de fuerte agitación social.

Ello no impidió que José Manzanares Baró se asociara con el abogado Luis Marimón Carbonell para constituir la sociedad anónima Service Station, cuyo nombre fue inscrito en inglés para dejar constancia de que su modelo se basaba en el de las modernas gasolineras americanas.

Los dos empresarios, además, resolvieron el dilema que atenazaba por entonces al país (Monarquía o República) con un ingenioso logotipo: un automóvil coronado, que fundía los símbolos de ambas aspiraciones políticas. Service Station S. A., según sus primeros Estatutos, tenía por objeto principal el comercio de aceites, benzinas, útiles y enseres de la industria automovilística, representaciones y comisiones.

Justo a principios de 1930, tras la asociación de los dos emprendedores, cayó la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

Primeros resultados, crecimiento y tensiones

La primera aportación de capital de José Manzanares Baró fue de 1.886.000 pesetas, lo que equivalía entonces a la impresionante cantidad de 471 años de sueldo medio de un obrero manual. Luis Marimón Carbonell aportó la nada desdeñable cantidad de 214.000 pesetas.

Aquella lejana y mítica gasolinera estaba formada por un espacio para el surtidor, una tienda para los materiales comercializados y un espacio para las tareas de reparación y mantenimiento de los vehículos.

El beneficio del primer año de funcionamiento de Service Station (275.276,42 pesetas) ya dejó patente la buena gestión de la empresa. Tras el balance, también positivo, de 1931, se establecieron sucursales en Lleida, Girona y Palma de Mallorca.

Los buenos inicios de la empresa se vieron afectados, sin embargo, por las múltiples tensiones que se vivían en el país (como, en 1932, el fracasado pronunciamiento del general Sanjurjo contra la República, la revuelta en Asturias de 1934, la proclamación de Lluís Companys de la República Catalana…). Un panorama que empeoró con las repercusiones del ‘crack’ de 1929 en España. Como primera, y pionera, medida para paliar la crisis, Service Station ofreció descuentos a talleres y revendedores.

La Guerra Civil y la colectivización

La Guerra Civil provocada por la sublevación militar del general Francisco Franco cambió la historia de aquel floreciente negocio. En Barcelona, con la derrota momentánea de los militares, se produjo un fenómeno de proletarización que afectó, desde luego, a Service Station.

La empresa fue colectivizada y su creador, José Manzanares Baró, fue expulsado de su propia compañía y se refugió en Palma de Mallorca para evitar, incluso, el peligro de un posible fusilamiento.

La nueva empresa, que perdió su condición de sociedad anónima, empezó a ser deficitaria. El fin de la guerra puso a Service Station en la tesitura de tener que reconstruir dependencias sin género, maquinaria averiada, documentos perdidos y personal con el ánimo deprimido.

José Manzanares Baró, exhausto tras los terribles problemas que le produjo la Guerra, dimitía como director gerente de la sociedad. Manuel Oromí Catasús, que había demostrado su capacidad en la gerencia de la sucursal de Palma de Mallorca, ocupó su lugar.

Posguerra: cambio de nombre

La larga travesía que supuso la dictadura de Franco afectó a todos los ámbitos. La ordenanza del 15 de mayo de 1940 sobre rótulos y nombres obligaba a la supresión de los extranjerismos: la Junta General de Accionistas, del 30 de septiembre de 1940, acordó la traducción al castellano del nombre, que quedó como Servicio Estación, S. A.

Entre las múltiples pérdidas de la guerra, la autarquía y el aislamiento (agravado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial) en los que estuvo sumida España en los primeros años del franquismo, SE tuvo que buscar la manera de sobrevivir: entró en el mercado de las bicicletas, abrió una sucursal en Zaragoza y, en 1940, ya obtuvo unos modestos beneficios de 167.928,16 pesetas.

La sociedad también entró en el hoy pujante mercado de la ferretería, ya que la situación del parque automovilístico en España (con fuertes restricciones por la escasez de combustible) amenazaba la supervivencia de Servicio Estación. También se tuvo que recurrir a medidas más drásticas como la ampliación de capital de 1941 para poder disponer de recursos.

Con estas nuevas medidas, la sociedad empezó a crecer, de forma lenta pero sostenida, y gracias a la atinada gestión de Manuel Oromí Catasús. En ese nuevo escenario, la diversificación de productos empezó a ser una de las directrices de Servicio Estación: por ejemplo, la motocicleta ‘Valsolet’.

Tras liquidar la sucursal de Palma en 1948, las perspectivas mejoraron aún más en la década de los 50 con la introducción del nailon en España (cuyo inventor, Wallace H. Carothers, se suicidó ingiriendo cianuro y no pudo ver el éxito clamoroso de su creación) y del plástico.

El plástico, precisamente, empezó a adquirir múltiples usos (sanitarios, higiénicos, alimenticios…). De ahí que surgiera el primer anuncio sobre plásticos de Servicio Estación, S. A. en La Vanguardia del viernes 24 de junio de 1949: Todo en plásticos; Ventas mayor y detalle; y Grandes descuentos.

Todo ello, unido a la lenta pero progresiva apertura de la España de Franco al mundo, gracias al acercamiento de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial y la entrada en la ONU (14 de diciembre de 1955), a la aparición de la SEAT (1953) y al impulso de los camiones a través de Pegaso. También revolucionó el mercado la aparición del Biscúter (12 de febrero de 1954), que fue un gran éxito de ventas. Y, desde luego, más tarde aparecería el legendario SEAT 600, en 1958.

Años 50: multiproducto

La línea de productos del establecimiento siguió creciendo con todo tipo de tejidos industriales al por mayor y al detalle, tejidos industriales, plásticos y tradicionales, imitaciones de pieles, etc.

En 1953, la Junta General Extraordinaria de Servicio Estación ya dejó constancia de su nueva dimensión al incluir en sus Estatutos que la sociedad podría “dedicarse a cualesquiera otra clase de operaciones”.

Con la imparable motorización del país, Servicio Estación siguió creciendo (en 1957 multiplicó por cinco su capital) gracias, especialmente, a aquéllos que ya tenían participaciones en la empresa, de manera que ésta siguió conservando un carácter familiar.

También, con la diversificación de productos procedentes del nailon y del plástico, los años 60 siguieron presenciando un crecimiento de la empresa. Y ya desde 1965, Servicio Estación se convirtió en una tienda multiproducto, cuatro décadas después de la creación de aquella primera gasolinera. Fueron años, igualmente, en que la sociedad tuvo que ampliar sus instalaciones para dar cabida a sus nuevas líneas comerciales.

A principios de la década de los 70 hubo que lamentar el fallecimiento de Manuel Oromí Catasús, bajo cuya batuta la sociedad tanto había progresado. En su lugar, el Consejo nombró (en un acto pionero en aquella España) a una mujer como sucesora en el cargo: Luisa Oromí Manzanares. Fue una decisión absolutamente normal en el seno de la empresa, puesto que en el propio Consejo había también una mayoría de mujeres.

Llega la democracia: Servei Estació

El 20 de noviembre de 1975 muere el dictador Francisco Franco y España, por fin, se instala en la senda de la democracia. Servicio Estación acompaña los intensos cambios que vive el país. Se transforma en Servei Estació, amplía su capital hasta las 54.750.000 pesetas (cantidad que multiplicaba por 26 al del año 1930), los beneficios crecen y se abre un nuevo establecimiento en L’Hospitalet de Llobregat y Sant Adrià de Besòs y, más tarde, Girona.

Bajo la gestión de Luisa Oromí, Servei Estació ya está consolidada en la España democrática, en un país que en 1986 ingresa en la Comunidad Económica Europea, y que después incorpora el IVA y el euro, dos realidades a las que Servei Estació se adaptó con éxito.

Así, en 1992, la sociedad altera estatutariamente su naturaleza para tener como objeto social “la venta al por mayor y al por menor de toda clase de artículos mediante locales de comercio integrados en grandes superficies o mediante locales denominados grandes almacenes”.

Servei Estació en el siglo XXI

Los últimos años de Servei Estació han continuado la línea de las generaciones que han hecho de la sociedad un ejemplo de gestión y de innovación. Servei Estació fue la primera gasolinera de tipo americano de Barcelona y de España; fue la primera empresa en apostar por el plástico, por el nailon. Y su vocación de innovar se mantiene intacta. En todos los sentidos.

Con más de 55.000 referencias, Servei Estació acometió su última gran transformación en 2003, con una renovación total del espacio de la calle Aragó de Barcelona que ha convertido su tradicional edificio en un establecimiento con las últimas comodidades para los clientes.

Todo ello, acompañado de nuevas ventajas (las tarjetas cliente, profesional, regalo), nuevas secciones, productos y servicios y un espíritu renovado.

Servei Estació es un habitual en ferias nacionales e internacionales para recabar las últimas novedades del mercado. También impulsó, desde 2005, los Premis Voilà! para impulsar la carrera de jóvenes diseñadores y que, tras cinco ediciones, han dado lugar a una línea de productos originales, de autor y con múltiples aplicaciones en la vida cotidiana.

Servei Estació también ha incrementado su presencia en los medios y ha tenido el honor de ser reconocido con diversos galardones. En 2005 y 2006, SE recibió el Premi Top 10. Shopping Line, que reconoce los mejores escaparates de Barcelona. En 2007, recibió el Premi FAD (Fomento de las Artes Decorativas). Y en 2010, el Ajuntament de Barcelona premió a la sociedad con el premio al Mejor establecimiento comercial de la ciudad, que entregó el alcalde Jordi Hereu.